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Pasión Colegial (Cap. 9)

Fernanda y Santiago empezaban a extrañarse después de varios días sin verse y sin hablar, pero al menos ahora Fernanda ocuparía su mente al estudio y a un asunto de mayor importancia. Sentada en uno de los muebles de la sala en su casa se preguntaba la razón por la que su madre se encontraba llorando en la habitación; no es que la haya visto, tan solo la había escuchado al pasar por la puerta, pero no se atrevió a entrar o preguntar al respecto.



Su vida era muy diferente a lo que parecía, no era nada como los demás podrían pensar; a veces ni ella misma sabía si tenía una buena o mala vida. Sabía que su papá era empresario e inversionista, pero no tenía idea de qué eran las empresas y tenía prohibido preguntar. El papá de Fernanda no era un mal padre ya que trataba de tener tiempo con su familia y trataba a sus dos hijas como a princesas y a la esposa como a una reina; ese buen trato que les daba solía compensar su ausencia que duraba días y a veces semanas a causa del trabajo, pero siempre informaba a su esposa e hijas días antes. Por otra parte también solía compensar el cambio de lo calidad repentino que habían hecho ya al menos tres veces, las dos primeras a países extranjeros y la tercera de regreso al país natal en el lugar donde vivían actualmente. Por momentos Fernanda presentía que algo en su familia andaba mal, pero al no tener evidencias lo descartaba.

Sentado en el escritorio de su oficina, en un edificio lujoso de tres plantas que había sido terminado un par de días atrás se encontraba Rogelio, el papá de Fernanda, buscando música instrumental en su ordenador. Tras poner a reproducir la lista preferida, ajustó el respaldar de su silla para quedar lo más acostado posible mientras esperaba un cliente que no tardaría en llegar.

Mientras tanto meditaba en medio de la música suave que sonaba, con su mirada perdida en el techo. Recordaba lo dura que había sido la vida con él y que quizá ahora lo estaba premiando, así debía de ser.

A pesar de tener 45 años de edad, recordaba a la perfección su niñez como si solo hubiesen pasado varios días a penas. Recordaba claramente su deseo casi imposible de estudiar, un deseo por el que tenía que trabajar como sea para poderlo mantener hecho realidad; el papá ganaba poco, pero no servía de nada puesto que lo malgastaba en alcohol y al llegar borracho a casa golpeaba a la mujer y a él, quien era hijo único.

Una noche que el papá de Rogelio regresaba borracho a su casa, varias cuadras antes de llegar se encontró en medio de un tiroteo que le quitó la vida tras recibir varios balazos en su cuerpo. Cuando Rogelio supo que su padre había perdido la vida, no sabía si eso era bueno o malo; estaba confundido. Sintió nauseas y empezó a bomitar, luego simplemente se quebrantó en llanto pensando << ¿cómo pudo ser tan tonto? >> y se sentía muy dolido porque a pesar de todo, él era su papá, tenía su misma sangre... pero en medio de su dolor se juró a él mismo y a su madre que nunca sería igual que su padre, y siempre supo mantener su promesa.

Él y su madre trabajaban. Lo que ganaba la mamá servía para los alimentos, y lo que él ganaba lo invertía en sus estudios.
A medida que crecía su mentalidad mejoraba, trabajó varios meses para el dueño de una frutería y con lo que ganó durante las vacaciones lo invirtió comprando cosas que podía revender y así empezó a trabajar para él mismo teniendo a penas 14 años.

Cuando tenía ya 16 años, él y su mamá eran dueños de una tienda que administraban los dos; les iba muy bien. Su mentalidad de negociante lo insitaba a ahorrar para poder extender su tienda y abrir un nuevo local en otro lugar y empezar a poner a otras personas a trabajar, puesto que estaba próximo a entrar al bachillerato y el estudio le demandaría más tiempo.

Por desgracia la madre enfermó gravemente y fue necesario hospitalizarla. Cuando los médicos diagnosticaron que tenía cancer cerebral muy desarrollado supieron que no podían hacer nada y después de varios días en el hospital agravó y murió.

Rogelio pasó varios meses sin poder superar la muerte de su madre, tenía pausado el negocio y se la pasaba encerrado en su casa solitario, puesto que había rechazado la compañía de algunos familiares a los cuales tuvo el atrevimiento de decirles - Cuando mi madre y yo los necesitábamos, ustedes ni existían; ahora que no los necesito ustedes están más muertos que ella-.

Después que empezó a quedarse sin dinero supo que debía volver a trabajar y estudiar. Reanudó el negocio y perdió un año de estudio; se enmancipó legalmente con la carta de difunsión de los dos padres y poco a poco su negocio crecía y se empezó a extender. Se graduó de bachiller siendo el mayor de la clase a sus 20 años, los demás alumnos tenían como máximo 18; pero para ese entonces ya era dueño de 3 tiendas y decidió no continuar la universidad para dedicarse a los negocios.

Siempre recordaba la promesa que hizo el día que su padre murió y por lo tanto nunca tuvo vicio alguno y a la novia que tenía la trataba de lo mejor. Sin embargo, su talento e inteligencia como negociante mezclados con su pensamiento de que nunca volvería a ser pobre le darían la riqueza que nunca imaginó de la forma que nunca planeó.

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