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Pasión Colegial (Cap. 8)


Ya era de noche, como las 9 p.m. aproximadamente y Santiago estaba tendido boca arriba sobre su cama reflexionando. Hacía un par de horas que había perdido la lucha mental que había desatado la mala cita que tuvo con Fernanda; era la primera chica que lo había dejado de esa manera.



Poco a poco su mente se descontroló y ya no solo pensaba en la reunión con ella, sino que ahora también analizaba la belleza completa de Fernanda y empezaba a preguntarse si se habrá enamorado de ella. << Fernanda es muy hermosa >> pensaba << esos ojitos que tiene junto con esa manera de mirarme a veces, como cuando sonríe levantando sus cejas… neta que esta maje está hermosa, más con ese cuerpecito que se carga; tiene buenas pierdas y trasero, y esa cinturita que mhmm…! No tiene grandes pechos pero así como los tiene están perfectos, ¿estará virgen? Espero que sí… ¡Pero es que sí soy idiota!, mejor ni hubiera ido a bailar o no le hubiera parado bola a la tipa esa, pff…! Qué mala pasada, y ahora ¿cómo le haré para contentarla? >>

Santiago tomó el celular y se dispuso a llamarla, pero ella no respondió; probó llamarla otra vez pero ella apagó el celular. Eso hizo que Santiago sintiera como si en su corazón hubiesen clavado mil agujas, algo que nunca antes había sentido gracias a su gran cuidado por no enamorarse; pero ese cuidado había fallado esta vez, se sentía demasiado atraído por esta chica y ahora empezaba a convencerse de que la quería.

Por otro lado, Fernanda se encontraba de manera similar a Santiago; estaba tendida boca arriba en su cama pensativa, con su celular recién apagado junto a ella. Pensaba en que tal vez había exagerado en irse de esa manera sin escuchar alguna explicación, o que quizá debió responder la llamada, pero pronto lo descartaba por lo molesta que estaba; sintió que fue una falta de respeto para ella al estar con Santiago y que él se dejara besar por esa chica mientras estaban los dos. Se sentía molesta y eso la hacía preguntarse si estaba enamorada de él, aun no estaba segura de si volvería a hablarle, puesto que temía que Santiago hiciera de las suyas con ella y después la olvidara como a la chica. No podía dormir y seguía pensando en el incómodo momento vivido con Santiago, eso le había causado la necesidad de escucharlo y que le diese alguna explicación lo suficientemente buena para decirle que todo estaba bien, en el fondo quería perdonarlo aunque no estaba del todo segura que él haya cometido una falta. Encendió su celular nuevamente esperando que Santiago volviese a llamar, aunque era poco probable.

Santiago tampoco podía dormir y ahora tenía una canción deprimente sonando en su celular. Pensó que sería buena idea dejarle un mensaje de texto para que lo leyese cuando encendiera el celular, pero lo descartó al creer que sería muy arrastrado para los gustos de una chica; pero sus ganas de hablar con ella eran grandes y pensó en intentar llamarla una vez más, de todas formas si no contestaba esta vez mejor dormiría… no pensaba seguir dañándose por una chica que no quería escuchar una apelación.

Llamó una vez más y su sonrisa fue notoria aun en la oscuridad de su cuarto cuando escuchó que el celular estaba timbrando << ojalá conteste >> pensó. Fernanda por su parte tenía en su mano el celular mirando la llamada entrante y se sintió bien al saber que no solo ella estaba pensando en Santiago, sino que él estaba pensando en ella; entonces contestó.

- ¿qué quieres? – preguntó Fernanda tras contestar para hacer notorio que estaba enojada con él
- ¿estás enojada? – dijo Santiago sin saber que decir, la verdad pensó que no le contestaría y por ello no había pensado en lo que diría.
- ¿tú qué crees?
- Pues no estoy del todo seguro… supongo que si
- Mira, la verdad me importa poco cómo seas, solo que estoy molesta por besuquearte con esa chica, para mí fue una falta de respeto
- ¿enserio te importa poco cómo soy?
- Si
- Por lo menos me alegra que te importe algo… creí que no te importaba para nada – dijo Santiago, a lo que Fernanda no replicó nada para no caer en el juego de labia de Santiago. – ¿puedo preguntarte algo? – dijo Santiago siendo consciente que esta es una pregunta a la que se les hace difícil no contestar a las chicas.
- Pregunta – dijo Fernanda en tono serio
- ¿yo te gusto?
- Ah? – se sorprendió Fernanda por la pregunta - ¿por qué preguntas eso?
- Es solo curiosidad… lo he leído en tus ojos, pero quiero oírlo de tu boca
- Mejor tu respóndeme esto, ¿qué quieres conmigo? Porque si buscas sexo para después olvidarme como lo haces con las otras, desde ahorita te digo que no lo conseguirás
- Tranquila – respondía Santiago admirado por el acierto de Fernanda, aunque en realidad ahora no estaba seguro de si eso era lo que quería aun – Mira, con las chicas que hago eso lo hago porque no son como tú
- Y ¿cómo soy yo, según tú?
- Tú eres diferente, lo percibo en cada gesto, sonrisa o movimiento tuyo… lo veo en tus lindos ojos, es más, nunca has tenido novio, ¿cierto? – se atrevió a decir Santiago suponiendo de antemano que él estaba equivocado
- No tengo idea de lo que dices – eludía la pregunta Fernanda preguntándose cómo podía saber eso Santiago - ¿yo te gusto? – preguntó ella para no tener que contestar
- La verdad si, tu eres el tipo de chica que me sentiría orgulloso de presentarle a mis padres como mi novia
- Pero tú eres mujeriego, así no te aceptaría como mi novio nunca
- Con una chica como tú no necesitaría más chicas… dame una oportunidad de conocerte y concédete la oportunidad de conocerme, verás que no soy tan malo como crees
- No estoy segura
- Te propongo un trato, dime si te parece bien
- Ajá, dime
- No nos hablaremos en todo este mes, seremos como dos desconocidos… así en este tiempo yo cambiaré esa parte de mí que no te gusta y me prepararé para demostrarte en el otro mes cómo soy en realidad; pero el otro mes deberás salir conmigo las veces que yo te diga, y si después de ese mes no te gusto entonces aceptaré que me ignores de por vida y yo volveré a ser quien soy, ¿qué dices?
- Me parece bien, siempre y cuando las salidas no sean por la noche
- Está bien, todo será en el día, no te preocupes
- Genial, entonces ya voy a dormir… nos vemos el otro mes, desconocido
- Perfecto, que tengas una hermosa noche, desconocida. – dijo Santiago y cortó la llamada.

Feliz de haber solucionado el problema, Santiago pensó que ahora sí podría dormir, pero se equivocó. Ahora su mente empezaba a pensar en lo que haría el otro mes y de dónde sacaría el dinero que necesitaría; pero de algo estaba seguro, que el otro mes debía ser inolvidable.

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