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Pasión Colegial (Cap. 7)


A pesar que las cosas estaban un poco mal por haber sido suspendidos dos semanas en el segundo día de clases, Santiago disfrutaba los días pensando que sería egoísta consigo mismo si se torturaba al pensar en los puntos que perdería esas semanas. Sus padres decidieron suspenderle el castigo que se habían propuesto ponerle, ya que era primera vez que sucedía y había sido por una causa razonable, por otra parte no era un mal estudiante y tenía edad para hacerse responsable de lo que hacía.



El día en que saldría con Fernanda había llegado y Santiago estaba feliz de no haber tomado mucho la noche anterior, ya que la resaca que le habría provocado lo habría dejado sin muchas ganas de salir. En todo el día no se preocupó en planear lo que harían o de qué conversarían, estaba acostumbrado a improvisar o que las cosas salieran como la casualidad de la vida considerara adecuado. Al no tener más planes a parte de ese, todo el día se la pasó dentro de su casa en el ordenador hasta que ya faltaban pocas horas para su cita y empezó a alistarse.
No era de sorprenderse para un maestro que de vez en cuando alguno de sus alumnos estuviese silenciosamente distraído o pensativo, lo más seguro es que se debía al sueño provocado por una noche de desvelo; pero no era el caso de Fernanda ese día, ella pensaba en la salida que tendría con Santiago después de clases y esperaba que todo saliera bien, ni siquiera podía imaginar o planear algo; nunca antes había salido sola con un chico, es más, nunca había tenido novio, era por eso que sus padres la apreciaban y confiaban mucho en ella. Admiradores tenía a montones, pero seguramente por lo hermosa que era la mayoría de ellos no se atrevían a hablarle; eso sin mencionar la casa de lujo en la que vivía y las camionetas blindadas como de película que la iban a dejar al colegio y de vez en cuando pasaban a recogerla, aunque se tratara de solo sus padres, eso opacaba a cualquiera. No se podía negar a ella misma que sentía algo de temor al no saber mucho acerca de Santiago, pensó que hubiese sido una buena idea no haberse limitado ella y su amiga a solo responder y hablar de ellas el receso de clases que habían estado los cuatro junto, los dos amigos habían hablado poco acerca de ellos.

En el receso estaban Fernanda y Cristina en la cafetería, ellas dos en una mesa para cuatro. La cafetería estaba llena pero a pesar de ello nadie les pedía las otras dos sillas; pero un pequeño rato después llegó uno de los compañeros y excusándose con que no había lugar preguntó si se podía sentar con ellas a lo cual ellas accedieron. El estudiante que ahora las acompañaba también había hecho el año anterior en ese mismo colegio, lo que significaba que tenía un año de ser compañero de Santiago y pensando en ello Fernanda empezó a sacarle plática hasta llegar al tema que quería.
- ¿qué sabes de Santiago? – preguntó después de varias preguntas que se tornaban recíprocas entre ellos tres
- Él es calidad de persona – empezó a responder con franqueza mientras limpiaba su boca con una servilleta tras haber terminado de comer la hamburguesa que traía consigo – y tiene una manera de actuar muy rara pero a la vez muy idealista
- ¿cómo? – preguntó Fernanda frunciendo el ceño sin entender mucho lo que había querido decir el compañero
- El año pasado íbamos varios compañeros en el autobús a vagar al centro y se subió un hombre ciego a pedir, yo iba con Santiago en el mismo asiento conversando; todos los compañeros incluyéndome sacamos dinero para darle al señor, excepto él. Cuando el señor se bajó Santiago me dijo “Hay una gran diferencia entre el que necesita y pide, y el que necesita y lucha; yo prefiero ayudar al que necesita y lucha porque al que pide muchos lo ayudan”. Nunca entendí hasta que una vez yo no tenía trabajo y tampoco dinero, y solo venía cuando conseguía para el pasaje; uno de esos días él me habló en privado y me dio suficiente dinero para cubrir el pasaje de al menos dos semanas. No solo me ha ayudado a mí, pero lo que más se admira es que lo hace sin que nadie se dé cuenta. No es millonario, pero tiene un gran corazón.
- Wow – expresó con asombro Fernanda tras oír a su compañero, y lo que él le había contado empezó a revolver sus emociones hacia Santiago de manera favorable
cualquiera que lo ve no pensaría que es así – agregó y empezaron a hablar de otros asuntos hasta que terminó el receso y volvieron a clases.

Al menos ahora ya no tenía temor de salir con Santiago, sabía que no era mala persona; empezó a preguntarse si Santiago sentía atracción por ella, aunque suponía que era obvio, lo dudaba. Hasta ese momento nunca había escuchado algo malo acerca de Santiago, excepto la pelea que había causado, pero fue por defenderla a ella y por lo tanto no podría considerarse un mal acto, al menos no para ella. En su punto de vista parecía que Santiago era el chico que cualquier chica desearía tener. Al estar pensativa toda la clase le pareció que las horas fueron minutos y cuando menos acordó ya era hora de salir. Mientras salía del salón de clases buscaba en la agenda de su teléfono el número de Santiago y tras encontrarlo llamó. Santiago estando listo contestó rápido y acordaron que se verían en el parque.

Después de varios minutos se encontraron donde acordaron y después de saludarse con un abrazo y un beso en la mejilla se sentaron en una de las bancas.
- A veces olvido lo hermosa que te ves con uniforme – comentó Santiago haciéndosele imposible no iniciar una conversación con un piropo
- A mí no me gusta, pero gracias – respondió Fernanda sonriendo.

Continuaron conversando y esta vez Fernanda se aseguró de hacer recíprocas las preguntas y procurar no solo hablar de ella sino también conocer acerca de Santiago por su cuenta. Después de un rato conversando pasaron frente a ellos dos chavas que conversaban mientras caminaban, una de ellas se detuvo haciendo un gesto a la otra para que esperara y se dirigió hacia Santiago.
- Disculpa, hola – dijo interrumpiendo la conversación de Santiago y Fernanda – solo quería saber si me puedes dar tu número
- ¿Quién eres? – preguntó Santiago indiscretamente al no recordarla
- ¿No me recuerdas? Soy la chica de anoche
- Ah! Claro, ya recordé, disculpa – dijo y después le dio un número inventado ya que no pretendía volver a salir con ella
- Gracias, ¿cómo me dijiste que te llamas?
- Thomas – mintió él y después la chica se despidió atreviéndose a robarle un beso muy imprudentemente a lo que Santiago no reprochó ni pareció molestarle, sino al contrario, pensó que fue la escena perfecta para que Fernanda sintiera celos y empezara a caer fácilmente.
- No sabía que te llamabas Thomas – dijo Fernanda con un tono algo molesto
- Claro que no me llamo así, es solo que anoche conocí a esa chica y la pasamos bien, pero no pretendo volver a salir con ella
- ¿por qué? – preguntó inevitablemente
- Porque ya hice lo que quería – respondió Santiago sin siquiera pensarlo.
- Y yo que creí que no tenías ningún defecto y resulta que tienes el peor de todos – dijo con tono de decepción Fernanda tras enterarse que Santiago era mujeriego – fue agradable conversar contigo, pero ya debo irme – dijo y se fue sin darle oportunidad a Santiago de decir algo.

Santiago se quedó sentado pensando en si la culpa era de él o de la chica que conoció en la disco, luego empezó a preguntarse si Fernanda estaría molesta y peor aún, si no volvería a hablarle. Rápido volvió en sí siendo consciente que si le daba mucha importancia a eso podría enamorarse de Fernanda y para él estaba prohibido enamorarse. Se marchó hacia su casa pero en todo el camino mantuvo una lucha con su mente que trataba de recordar la escena recién vivida, sin darse cuenta que esa lucha empezaba a crear una sensación extraña en sus emociones.

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