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Pasión Colegial (Cap. 10)

La voz de la secretaria interrumpió la meditación de Rogelio - Ya llegó el hombre al que espera, señor - dijo ella tras abrir la puerta de vidrio oscura de la oficina.
- Hazlo pasar - respondió Rogelio mientras se acomodaba erguido en la silla.
- Buenos días - saludó el hombre que entraba a la oficina bien vestido formalmente, acercándose al escritorio de Rogelio.
- Buenos días - respondió él poniéndose de pie para saludar de manos al hombre recién llegado - tome asiento - dijo señalando con la mano el asiento. Los dos se sentaron y rogelio tomó la palabra.



- Es un enorme placer para mí tenerlo en mi oficina y que quiera hacer tratos conmigo, créame que ha buscado al mejor para este trabajo - Rogelio y el otro hombre se mantenían serios, ni siquiera al saludarse habían sonreído entre ellos; el tema a tratar requería esa seriedad. Cuando Rogelio se detuvo de hablar, el hombre miró hacia arriba en forma circular para serciorarse que no hubiesen cámaras o algo parecido; después de eso replicó.
- El amigo que me lo ha recomendado, lo conozco desde niño, nos criamos siendo vecinos y hemos sido grantes amigos desde siempre. Me ha comentado lo satisfecho que quedó con el trabajo que le hizo, pero aun así necesito garantías de que mi dinero estará a salvo y así mismo mi nombre e imagen, ya que quiero meterme en política.
- La seguridad de mis clientes es una de mis mayores prioridades, yo hago todo el trabajo sucio sin que usted tenga algo que ver. Después de completado el trabajo yo olvidaré que existe su nombre y que he visto su rostro, aun si hicieramos nuevos tratos para mí serían siempre los primeros, y por seguridad de los dos suelo cambiarme de localidad al finalizar el trato. En cuanto a su dinero, estará bien protegido desde que salga de sus manos hasta que vuelva. La única garantía que le doy es mi palabra y el testimonio de quien dice es su amigo, aunque no se de quién me habla.
- y ¿de cuánto tiempo estamos hablando?
- eso dependerá de la cantidad de dinero
- ¿y el costo también depende de la cantidad?
- No, el costo siempre es el mismo: 10% del dinero es mío.
- ¿No crees que es un costo muy elevado?
- Es un precio justo, no es tan sencillo lavar grandes sumas de dinero, y ya que estamos llegando al tema, ¿de cuánto estamos hablando?
- 200 millones de dólares
- Genial - expresó Rogelio sin asombro alguno a pesar que la cantidad máxima de dinero que había legalizado antes era la mitad de eso y sabía que entre más dinero mayores eran los riesgos, pero se sentía seguro - tardaré cuatro meses aproximadamente - añadió
- Me parece bien, ¿cuándo te hago llegar el dinero?
- Pasado mañana - respondió Rogelio mientras de una gaveta del escritorio sacaba dos hojas grapadas entre sí y se las entregaba al hombre - aquí está todo lo que necesitas saber: la dirección donde debes hacer llegar el dinero, las condiciones del trato, documentos e información que necesito, etc.
- Excelente - dijo el hombre tomando las hojas y poniéndose de pie para retirarse - desde ya fue un placer haber hecho tratos contigo, si todo sale bien te recomendaré.
- Eso suena excelente - concluía Rogelio estrechándose entre ellos la mano - ten en mente que todo ya está hecho - concluyó y el hombre abandonó la oficina.

Pasaron varios días y se habían completado ya las dos semanas de suspenso de Santiago, Armando y los otros estudiantes; eso solo significaba un gran esfuerzo por recuperar los puntos perdidos y dos arduas semanas de aseo. A pesar de eso le alegraba volver al colegio y poder ver a sus compañeros y compañeras, sobretodo el rostro hermoso e inspirador de Fernanda a la cual sentía deseos de hablarle, pero no podía hacerlo hasta el mes siguiente.

Verla a ella por ratos le traía algo de culpabilidad, ya que había prometido cambiar y sin embargo había aprovechado bien los días sin clases saliendo con varias chicas, ya que sabía que al volver a clases no podría darse ese lujo, mucho menos ahora que quería conquistar a Fernanda.
Por momentos sentía ataques de celos al ver a Fernanda charlar con alguno de los compañeros o algotro oportunista que se atrevía a hablarle en la cafetería; se preguntaba cómo habrían sido para ella los días que él no estuvo en el colegio, pero se auto-aconsejaba y se controlaba.

Fernanda tenía una personalidad agradable, no era la típica chica fresa por tener una hermosa apariencia; ella era humilde a pesar de tener lujos y vienes materiales, y por su humildad fácilmente le caía bien a todos y algunos a pesar de sentirse opacados por ella, aprovechaban algún momento para decirle algo lindo tratando de enamorarla; pero ella estaba segura que debía esperar la oportunidad que había prometido a Santiago, quizá valdría la pena y él era quien le gustaba.

A pesar que Fernanda aun no podía hablarle a Santiago, no desaprovechaba la oportunidad de reírse de él cuando lo miraba asiando con los demás, pero lo hacía en buena onda y Santiago lo sabía. << Hay muchos asiadores gratuitos en el colegio y todo gracias a mí >> pensaba ella.

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