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Pasión Colegial (Cap. 4)

- Hora del receso ya chicos - anunciaba el profesor y un pequeño festejo se dejó oír por parte de los estudiantes.
- Entonces que, ¿alguna idea? - preguntaba Cristina a Santiago y Armando cuando ya estuvieron los cuatro reunidos.
- Por ahora la mejor idea es ir a comer, Santi me dijo que él invitaba hoy - decía Armando volteando a ver a su amigo con una sonrisa sarcástica que delataba que sólo quería molestar.
- Claro, desde ayer le dí el dinero a Mando, así que vamos - decía Santi riendo mientras empezaban a caminar hacia la cafetería.
- Pero, ¿por qué ella no habla? - preguntaba Mando refiriéndose a Fernanda.
- Es que no nos han presentado - respondío Fernanda - pero deja lo hago yo - dijo poniéndose frente a todos y caminando cuidadosamente de espaldas - Yo soy Fernanda, mucho gusto - dijo a Armando mientras se detenían los cuatro y le extendía su mano a Armando
- Yo soy Armando - respondió - el gusto es mío - y se dieron un beso en la mejilla
- Ella es Cristina - reponía Fernanda a Armando - mi mejor amiga.
- Mucho gusto - decía Armando mientras se daban un estrechón de manos y un beso en la mejilla - me han hablado muho de ti - continuaba sin soltar la mano de Cristina y figurándose una sonrisa coqueta mientras hablaba - pero veo que casi me han mentido; eres más hermosa de lo que me dijeron.
- Gracias - respondió Cristina apenada por el piropo bien dicho de Armando - sólo asegúrate de devolverme pronto mi mano, porque con ella hago las tareas - dijo y los cuatro empezaron a reír y Armando soltó la mano de Cristina. Luego Armando se puso al lado de Fernanda para continuar la presentación.

- Bueno, es momento de presentarles a mi socio y amigo. - Luego dirigiéndose a Cristina dijo - Cristina, él es Santigao, y Santiago, ella es Cristina.
- Un placer conocerte - dijo Cristina mientras se saludaban de manos y un beso en la mejilla
- El placer es todo mío - respondió Santiago, luego retomó la palabra Armando.
- Fernanda, te presento a mi mejor amigo Santiago, cuídalo porque intenté clonarlo y es imposible hacerlo - decía alagando a su amigo para ponerlo en bien con Fernanda - y Santiago, ella es Fernanda.
- Que gran gusto conocerte - decía Fernanda mientras se saludaban de igual manera, con un apretón de manos y un beso en la mejilla - siento como que ya te conocía desde antes - dijo con sarcasmo.
- La vida es muy curiosa - replicaba Santiago - soy afortunado de conocerte, ¿cómo le hiciste?
- ¿Para qué? - preguntaba Fernanda confundida
- Para no hacerte ningún rasguño cuando caíste del cielo - respondía Santiago guiñando un ojo
- Traía un paracaídas - contestó Fernanda haciendo un gesto coqueto levantando las dos cejas y los demás reían.

Los cuatro continuaron hasta la cafetería donde conversaron de manera grupal mientras comían. Hablaron de sus familias, gustos musicales, y todo cuanto pudieron hasta que ya era hora de volver a clases.

Los cuatro iban juntos aun conversando y riendo mientras se dirigían de regreso al salón de clases.
Por donde iban caminando estaban los de otro grado jugando fútbol y no se detuvieron de jugar aun viendo que ellos iban pasando. De repente uno de los jugadores lanzó el balón, el cual golpeó media cara de Fernanda.
Entonces los que estaban jugando se detuvieron asustados; Fernanda comenzó a llorar silenciosamente con sus manos en la cara donde la había golpeado el balón y Cristina y Santiago la sobaban y reanimaban; Armando se mantuvo expentante a ellos tres mientras esperaba la reacción de su amigo, quien pronto le hizo una mirada que lo alertó.

Santiago se apartó de Fernanda y Cristina y se dirigió a los del otro grado, los cuales eran ocho.
- ¿Quién diablos tiró el balón? - preguntó abiertamente con enojo
- Yo fuí - respondió el más bufón de todos ellos - ¿y qué pedo? - dijo desafiante al ver el estado de Santiago

Santiago se volteó y acercándose a Cristina le dijo que se fueran para el salón, a lo que Cristina no replicó nada imaginando lo que iba a pasar y se fué con Fernanda.

- Te voy a agarrar a maceta idiota - dijo Santiago dirigiéndose al que había asumido la culpa
- ¿Vos y cuántos más? - repricaba el otro estudiante mientras los siete compañeros se ponían atentos
- Yo solito, a vos y todas tus compañeritas - dijo desafiante Santiago, quien estaba ardido de enojo.


Todo el grupo le hizo una burla fuerte a Santiago, lo cual llamó la atención de cinco compañeros de Santiago y Armando, quienes al ver la escena decidieron unirse al rollo; entonces corrieron hasta donde Santiago y Armando.
- ¿Que pasa? - preguntó el compañero Antonio a Santiago
- Que estas niñas quieren una buena agarrada a maceta - respondió Santiago con tono alto para que todo el grupo contrario escuchara
- ¡Dámela pues! - dijo en todo retador el estudiante del otro grado - no estés con tanta paja y tirate

Entonces al ver Santiago que sólo les superaban por uno en número, se lanzó sobre el tipo con un golpe directo a la cara, luego sin perder el impuso le dió un rodillaso en el estómago que lo dejó sin aire y cuando el tipo se agachó con las manos en el estómago le dió un rodillaso en la cara que lo hizo caer al suelo sangrando por la nariz. Entonces uno de los compañeros del golpeado corrió y tomó a Santiago por el cuello callendo los dos al suelo y comenzó a golpear a Santiago; entonces Armando corrió y lo botó al tipo de una patada y los dos grupos empezaron a pelear dándose golpes, aplicándose llaves, aprovechando a lanzarle patadas y golpes a otros mientras peleaban uno contra uno; hasta que por la bulla de los estudiantes expectadores llegaron maestros y terminaron la pelea.

Después todos fueron llevados a direción donde se pudo hacer notorio que el grupo más golpeado fueron los del otro grado. Las autoridades del colegio concluyeron en suspenderlos dos semanas y los padres debían presentarse al colegio para que se les informara el problema. Adicional a eso debían hacer limpieza en el colegio una semana después de terminada la suspención. Se les pidió tomar sus cosas y retirarse a sus casas advertidos que si volvían a ocasionar un problema así, serían expulsados.

Todos salieron cada cual para su salón correspondiente en dos grupos y en direcciones diferentes. Los compañeros de Santiago y Armando reían y comentaban la paliza que les habían dado a los otros, pero Santiago y Armando pensaban en lo que le dirían a sus padres.

- No se preocupen razas, sólo son dos semanas - decía Elías, uno de los compañeros tratando de reanimar a Santi y Mando.
- Es verdad - añadía Antonio - quienes deben ir preocupados son aquellos, que los suspendieron por aguantar maceta -
Entonces todos reían después del comentario de Antonio. Todos iban manchados de sangre con moretones no tan grandes, unos más golpeados que otros.

Llegaron al salón de clases y uno a uno volvían a salir después de tomar sus mochilas. Santi se acercó a Fernanda y dándole el celular de él le dijo
- Escríbe tu número
- ¿Que pasó? - preguntaba preocupada Fernanda, a quien afortunadamente no le había quedado marca del golpe que recibió con el balón, mientras tecleaba el número
- Después te cuento, por ahora debo irme - tomó el teléfono y salió seguido de Armando, quien le pidió el número a Cristina.

Entonces los dos se marcharon comentando lo que le dirían a sus padres al llegar a casa.

Disponible ya el capítulo 5. Léelo aquí.

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